Trabajadores jóvenes: ¿Productividad o experiencia?
En todo el mundo, los jóvenes de ambos sexos prestan una contribución importante como trabajadores productivos; empresarios, consumidores, ciudadanos, miembros de la sociedad civil, y agentes del cambio. Su energía y capacidad de innovación son recursos inestimables que ningún país puede permitirse desperdiciar.
Aunque en todos los países los jóvenes constituyen un verdadero capital nacional, son también extremadamente vulnerables; afrontan un alto grado de incertidumbre económica y social. A menudo no se aprovechan todas sus potencialidades porque no tienen acceso a empleos productivos y decentes.
Los jóvenes no forman un colectivo homogéneo. Sus perspectivas de empleo obedecen a factores como el género, la edad, el nivel de educación; el origen étnico, el estado de salud y la discapacidad, etc. En muchos países; las tasas de desempleo y subempleo de las jóvenes superan casi siempre las de los jóvenes; mientras en esta misma franja de edad las tasas de desempleo de los adolescentes (de 15 a 19 años) suelen ser más elevadas que las correspondientes a las personas de poco más de 20 años.
Según las estimaciones de la OIT; en 2003 había 88 millones de jóvenes desempleados, es decir, un 47 por ciento de los 186 millones de desempleados de todo el mundo. En ese mismo año, la tasa mundial de desempleo juvenil era del 14%; o sea más del doble de la tasa global de desempleo; que ascendió al 6,%, y muy superior a la tasa de desempleo juvenil registrada en el decenio anterior; la cual fue del 11,7% .
Sin embargo, el desempleo no es más que la parte visible del problema. En todo el mundo los jóvenes tienden, en efecto, a trabajar más horas en modalidades de empleo informal; intermitente y precario, que se caracterizan por su productividad baja, bajos ingresos y la obtención de menor protección laboral; En los países en desarrollo los jóvenes, y en especial las mujeres, constituyen el grueso de los subempleados y de los trabajadores de la economía informal, tanto en las zonas rurales como en las urbanas, y los que son víctimas de desaliento.
El problema del empleo de los jóvenes entraña costes a largo plazo y a nivel de la comunidad. La falta de trabajo decente para la juventud actual refleja y perpetúa el círculo vicioso de la pobreza, la educación y formación insuficientes, los empleos precarios, y de este modo la transmisión de la pobreza de una generación a otra. Los ingresos familiares son un factor determinante a la hora de decidir si se envía a un niño a la escuela o a trabajar. El trabajo infantil trae consigo la perpetuación de la pobreza familiar y menoscaba las perspectivas de empleo que pudieran presentarse más tarde en la vida.
Las formas peligrosas de trabajo merman la empleabilidad de los jóvenes, a veces para toda la vida.
El ciclo de privación y de exclusión social que afecta a los jóvenes en el momento de la transición a la vida laboral puede tener efectos perjudiciales en las sociedades y las economías. Los jóvenes desempleados o subempleados tienen menor capacidad para contribuir eficazmente al desarrollo nacional y menos oportunidades de ejercer sus derechos como ciudadanos. Disponen de menos recursos para gastar como consumidores y para invertir como ahorradores, y a menudo carecen de ́voza para lograr que se produzcan cambios en su vida y comunidad. El desempleo y el subempleo generalizados de los jóvenes también impiden a las empresas y países innovar y desarrollar ventajas competitivas sobre la base de la inversión en capital humano, socavando así las perspectivas futuras.
Los costes no se limitan a la pérdida de producción, sino que suponen nuevas cargas para los individuos y la sociedad. Como resultado de las condiciones adversas del mercado de trabajo, los jóvenes permanecen más tiempo en el domicilio de sus padres y suelen aplazar el momento de fundar su propia familia ó fenómeno.
Èste que en algunos países se denomina ́de los solteros parasitosa. Entre los costes psicológicos que esta situación entraña, valga mencionar la menor autoestima, la desmoralización y menores niveles de bienestar, todo lo cual puede llegar a degenerar en comportamientos peligrosos, violencia y delincuencia juvenil. En otros casos, se ponen en peligro la propia democracia y los procesos polÌticos que la sustentan, cuando jóvenes frustrados reaccionan a través del extremismo y el escapismo político.
Hoy en dÌa, los gobiernos y la comunidad internacional reconocen la urgencia política de responder al problema del empleo juvenil como una condición previa para la erradicación de la pobreza, el desarrollo sostenible y la paz duradera. El empleo decente y productivo para los jóvenes es un compromiso dimanante de la Declaración del Milenio, y si la OIT ha asumido una función rectora en la organización de las labores de la Red de Empleo de los Jóvenes del Secretario General de las Naciones Unidas ha sido a fin de cumplir este compromiso.
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